lunes, junio 01, 2009

Willy, abrir las ventanas, limpiar la buhardilla



Me encantan las ardillas. Ignoro la razón, pero les tengo un cariño especial a estos pequeños roedores. Han estado ahí en dos ocasiones muy concretas en mi vida como Puck.

En 1996, cuando conocí a Andina, en Trent Park y escribí Vuelta a la realidad encarnándome en el duende Shakesperiano, eran frecuente en el arce de enfrente de mi habitación dos ardillas. Así lo reflejé en su momento en aquel cuento.

Hoy en día, en el exilio voluntario en el cual me he desterrado, os presento a Willy. Hay multitud de ardillas corriendo a diario por los aledaños de mi jardín. Willy es una de ellas, pero siempre la misma.

Con mucha paciencia, dedicación y toneladas de cariño he conseguido que se acostumbre a mi. Es curioso, las ardillas a veces son como las personas, incluso reconozco ciertos rasgos de Nerea. Se acercan poco a poco y luego temerosas dan varios pasos hacia atrás... y luego de vuelta a empezar.

Willy viene a mi jardín todas las mañanas, desayuna 5 o 6 nueces que coge de entre mis dedos y se va... hasta la mañana siguiente, puntual a su cita...y si alguna mañana no estoy, o llego tarde, no se como pero unos minutos después de abrir la puerta de mi jardín, allí esta...



Y bueno, con esto por hoy ya vale... os dejo el video de uno de los desayunos de Willy... espero que este post haya valido para quitarle las telarañas a la buhardilla y estar aquí de nuevo antes de que llegue el domingo que viene.

Dedicado a mi "sobri" Alba, a la cual le encanta Willy

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