
Muchas veces escribir es acordarse de lo que nunca ha existido. Otras de las veces, escribir es vivir las vidas que uno no tiene y añora tener, inventarse un nuevo yo, un nuevo tu y pintarlo en otro lugar y otro tiempo.
Sin embargo, yo escribo sobre Nerea porque me parece la única manera de que deje de existir. Dicen en “Memento” que la memoria puede cambiar la forma de una habitación y cambiar el color de un coche, los recuerdos se desvirtúan, son una interpretación, no un registro, y no importa si tienes los hechos o no.
Por eso ahora, desde que ella negara todo lo que había habido entre los dos y lo redujera a una simple visión escondida detrás el cristal de la amistad, temo que lo que he vivido se vaya desvirtuando poco a poco y que se convierte en la simple ilusión de un duende que sueña con asir el cielo con las manos. Tengo miedo que mi memoria pierda consistencia de la misma manera que lo hace la escarcha a medida que avanza la mañana y las gotas de rocio se pierden en el suelo.
Y ahora, cuando nuestras miradas se cruzan, sus ojos toman la forma de estrellas fugaces que cogen mis sueños y los pierden en lo infinito del cosmos, llevándoselos lejos para no volver y dejarme solo, solo sin ella, solo sin mis sueños, ¿que es un hombre sin sus sueños? ¿que haces cuando no te queda ya ninguno? ¿que haces cuando has comprendido que es lo realmente importante en esta vida, cuando el dinero, la fama, el poder te parecen superfluos y puedes estar orgulloso por no perseguirlos pero no te queda por que correr?
Entonces, el frío que emiten sus ojos cuando la miro me mira y no sostiene la mirada me congela el alma y me tira a un inmenso vacío, a la nada de un oscuro callejón de salida, de un motel barato de carretera con un único baño al fondo del pasillo. Sus ojos me dicen que quiere que vuelva a ser el de antes, que tire todo por la borda, que olvide mis sentimientos, que me cure como si lo que siento por ella fuera una enfermedad o una maldición.
Y supongo que poco a poco ella espera que todo se desvirtúe y se deshaga en el tiempo. Por eso escribo, porque me aterra pensar que todo eso pase, que lo que he vivido pierda su significado, que llegue a pensar que todo lo que ha pasado ha sido algo normal entre dos amigos.
Porque hoy, hay todavía miles de cosas que sigo sin llegar a poder comprender...¿Sabía su novio que quedaba tantas veces conmigo? ¿que pasaba las tardes en mi casa? ¿Como le puedes decir a una persona por Navidad “All I want for Christmas is you”? ¿Porque esa perseverancia en ver Love Actually cuando en mi casa había mas de 100 peliculas? ¿porque ese interés tan grande en conocer a la otra persona tan a fondo, en conocer sus sentimientos mas íntimos? ¿porque entrar en la buhardilla era uno de los sueños de Nerea?
Yo supongo que para ella negarlo todo y decir simplemente que somos amigos es la salida mas fácil. Aceptar cualquier otra cosa supondría tenerse que dar demasiadas explicaciones a si misma, la existencia de una duda.... Cualquier otra reacción sin ninguna duda insuflaría un balón de oxigeno a mis sueños, un billete para soñar, un camino que esta claro tiene miedo de recorrer.
Por eso escribo...no porque quiera vivir vidas que añoro, sino porque no quiero perder lo que he vivido. Cuando escribí Vuelta la realidad era diferente, buscaba un premio en un certamen literario y mi vida en Trent Park se prestaba a ello. Ahora, ya tengo el premio, haber conocido a Nerea y haberme llevado un pedacito de cielo. Por eso, no puedo aceptar que el tiempo me acabe diciendo que el pedacito de cielo me lo inventé yo y que nunca llegó a existir realmente.
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